domingo, 14 de agosto de 2011
¿EN SERIO NO VISTE LA DEL PROFESOR QUE PIERDE UN TAMANGO ANTES DE CASARSE Y SALE A BUSCARLO SIN QUE LE DÉ LA MENOR VERGÜENZA ANDAR POR AHÍ DICIENDO COSAS COMO "BUENAS, PERDÍ UN ZAPATO, NO LO VIERON"?
Bueno, bueno. Mirá quién volvió. Bueno, sí, yo, el que escribe acá, que últimamente no sé qué le pasa y aparece cada vez menos, pero no, no nos referimos a ese indeseable sujeto, sino a la sección. ¿Cómo qué sección? La crítica no de película sino de la reseña de la película, esa sección. Un clásico de todos los tiempos que lo debo haber hecho no más de tres, cuatro veces, pero siempre con resonante éxito de crítica y público, eh, eso sí. Así que estamos ante un regreso doble, con toda la pompa. Por un lado el sujeto que doy en llamar "yo", que no sé qué le (me, nos) pasa, y por otro la sección, que incluye una película, por supuesto. Una película, digamos ya para ir entrando en tema, de neto corte pelotudista, ya que vean nomás cuál es el suceso desencadenante de toda la acción: la pérdida de un zapato. Cómo se te pierde un zapato, decime vos. Tan flojo lo tenías. No le ataste bien los cordones. O se te cayó de la caja, recién comprado. Y no lo notaste. En fin, que prácticamente no hay manera de perder un zapato que no sea incurriendo en una imbecilidad flagrante. Pero bueno, el tipo, que además no es cualquier tipo sino "un profesor", va y lo pierde al zapato. Así son los docentes. Después seguro van y cagan a pedo al alumnado por estar en babia, que es algo que todo docente adora hacer, casi tanto como decir "saquen una hoja" o "por qué no lo cuenta en voz alta, González, así nos reímos todos". En fin, que el suceso (de la pérdida, del zapato, que desencadena todo, oh, Dios) ocurre, encima, el día antes de la boda del profesor. Todo un evento, ya que bien conocidas son las dificultades que los pobres docentes padecen en sus vidas sentimentales. Y que además es un día bravo, según sabe cualquiera que haya visto otras películas sobre bodas: hay mil cosas que encargar, confirmar, avisar, cancelar, volver a encargar por si el tipo que toma los encargues es medio boludo, acordarse, olvidarse, vestirse, bañarse, cortarse las uñas, el pelo, conseguir lo azul, lo prestado y lo nuevo, memorizar lo que hay que contestarle al cura, entrar en pánico por el solo hecho de casarse, salir del pánico para no pasar papelones, en fin, mil cosas, como ya dije al principio de esta misma extensa frase. Y el profesor, en lugar de ocuparse de todo ello como una persona decente, docente, adulta y responsable, no, va y se pone a recorrer la ciudad en busca del zapato. Seguramente rogando que no llegue a verlo ninguno de sus alumnos por la calle con un zapato sí y el otro no, se recorre toda San Francisco (medio rengueando, cabe suponer) y de paso recepta "mensajes y avisos" acerca del matrimonio. Nada cuesta imaginarlos: seguramente son mensajes en contra de dicha institución, como corresponde a toda película que se precie de profunda y sentimental, en la que el amor debe ser libre y estar más allá de toda atadura social. O a lo mejor no, a lo mejor se trata justamente de mensajes a favor del matrimonio, como corresponde a toda película que se precie de profunda y sentimental, en la que el amor debe cristalizarse en uniones duraderas que constituyan la base de la sociedad y no desperdiciarse en relaciones pasajeras. En cualquier caso, un film profundo y sentimental, al que sin dudarlo, por su amenidad y llevaderez, le aplicamos cuatro estúpidas por abajo de las patas, con o sin zapatos. Tengan ustedes una excelente semana.
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Mirá, para mí que debe ser una excusa para mostrar los atributos de la Cucinotta. Seguro hay una escena donde ella se agacha a agarrarlo, se levanta lentamente y le sonríe al profesor. ¿O me vas a decir que "La herencia del tío Pepe" tiene un argumento mucho más mejor?
ResponderSuprimirPD: Ya voté loco, me levanté temprano como un campeón!! Como no me conformaba ningún candidato puse la foto de Gabi Milito (?)
No menosprecie las historias que comienzan con la simple perdida de un zapato,ahí esta esa chiruza de Cenicienta para demostrar que pueden terminar siendo incluso épicas,sin ir mas lejos.Solo que en el film tan bién reseñado por usted, en lugar de un zapallo gigante encontraremos dos respetables melones.Mis respetos.
ResponderSuprimirTamango??? Usted Gerar tiene más años que la escarapela me parece...
ResponderSuprimirNo era más económico según la ecuación tiempo-dinero, comprarse un par nuevo? Y más cuando el factor casamiento, agravaba el factor tiempo de la ecuación (?).
ResponderSuprimirEn una época leía las reseñas -críticas- de las películas e iba a ver a las que castigaban. Así pude ver las mejores películas.
Merovingio, le iba a poner "camambuses", pero me dio no sé qué.
ResponderSuprimirNo casarse porque uno perdió un zapato es una excusa que nunca se me hubiera ocurrido.
ResponderSuprimirPor otra parte, fanguses es mucho más moderno. Psss.
Lo que la gente, Daniel por ejemplo, no percibe, es el carácter subversivo de esa película.
ResponderSuprimirClaro que el tipo podía comprarse otro par pero, con la crisis, ya no tiene con qué, el "american way of life" se les murió. Y la saca el glúteo a la jeringa del casorio.
Pobre y huyendo, el nuevo paradigma del héroe yanqui. El tea party lo hizo. Y ellos, en lugar de hacer quilombo, hacen peliculitas.
Yo creo que es romántica en el amplio sentido del término. Desde roman a tica, ponele.
ResponderSuprimirEl tipo pierde algo y no puede con esa pérdida, recorre un camino de penurias por la falta de aquello que no será reemplazado por una chinela. Recibe mensajes en su búsqueda. Después tenemos la negación del amor real, el tipo prioriza una capellada con suela antes que a su futura mujer.
Bien aplicadas las cuatro estúpidas. No conocía la sección, pero se nota que el que escribe es un tipo que sabe mucho. De sinónimos de zapatos, al menos.
Saludos!
Gran reseña pero mejor aún el hallazgo del sustantivo "llevaderez".
ResponderSuprimirQué bueno que volvieron, usted y la sección. Porqué se fue tanto tiempo? Espero que seto no sea el comienzo de un pase a twitter...
ResponderSuprimirPor cierto, está feliz?
Bastante, sí. Gracias por preguntar.
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