Siempre pasa. Cuando todos creen que ya está, que no da para más, que los dibujantes a cargo son tan troncos y/o perezosos que jamás una figurita de la colección volverá a ver la luz, justo en ese momento de desasosiego y angustia para tantos niños... ocurre el milagro. Y vuelve la esperanza. Como dijo un paisano: yes we can.
Por la campaña se instaló en la esquina de casa y desde ese día el barrio ha empezado a enfermar sin pausa ni respiro. Las figuritas harán que el mal se expanda por el mundo.
ResponderSuprimirEste ameritaba que las figus sean en colores.
ResponderSuprimirPorque es un garca a colores.
Jamás el color manchará la colección. Solo rojo y negro. No te vas a quejar justo vos.
ResponderSuprimirMadeleine, ay, entonces lo habrá conocido al Bambino Bergman! ¿Es pintón como se lo ve por tele?
No, de eso no me voy a quejar.
ResponderSuprimirViste que mandaste dos entradas con Central y me porte como un caballero?
Estaba tentador, pero controle mi impulso a hacer leña del tronco caido.
Yo también en su momento, ejem, me contuve, no sé si notaste.
ResponderSuprimirCuánta caballerosidad, Dios, ya da asco.
la verdad, que faltaba éste. Es que uno ni se lo toma en serio. Le juro. Hasta va con la campera amarilla a las sesiones.
ResponderSuprimirBueno, por lo menos, va.
¡Eessaa...! ¡Lo hiciste a Bob Esponja, quedó muy bueno!
ResponderSuprimirSi, gracias.
ResponderSuprimirPero no es lo mismo.
Piense en R....g, en la B, pierde con Atletico Puan, queda para pelear por el acceso a la promoción.
Y aparecen esos posts que la dejaban picando en el area chica.
Es muy fuerte, creo que es LA prueba de caballerosidad.
¿Bergman pintón? ¿Ve? ya se empezó a enfermar usted también. El efecto es inmediato. Por aquí estamos todos estamos rodeados del mal, mi único escape por estos días es una foto de Gary Dourdan desnudo en mi pantalla. Ay cómo sufrimos las mujeres solas!
ResponderSuprimirDigamelo a mí.
ResponderSuprimirSantix, lo que le agradezco en realidad, más que la caballerosidad, es no caer en el comentario lateral, verdadero azote y plaga contra el que no me canso de luchar, aunque infructuosamente.