Y continuamos con esta novela por entregas que ya es un verdadero boom en la blohósfera. Acá llegamos a una parte polémica y para el debate profundo (sobre un tapete, por supuesto), así que abandonaré los personajes de ficción a los que los tengo habituados y el estilo literario rococó usual de este blog, y encararé el asunto con tono periodístico, que después de todo es el que mejor me sale porque soy pe-rio-dis-ta, a ver si les entra en las cabezas.
Bueno. El tema, como ya se advierte en el título, tiene que ver con
qué pasa después de la muerte. Lo más seguro, todos lo sospechamos, es que
nada, pero dado que se trata de una respuesta medio fea y angustiante, el Ser Humano opta, desde los albores de la Civilización e incluso de bastante antes también, por imaginarse Cielos y Masallases y Reencarnaciones y cosas así que le dicen "tranquilo, gato" y le prometen que
hay algo.
Entonces, ok, juguemos a eso:
hay algo. Efectivamente, te morís, y
hay algo. Tu conciencia, tu yo, sobrevive. Flota por ahí, qué se yo. Qué lindo, buenísimo porque la verdad la idea de morirme no me hace ninguna gracia. Sí, sí, lindísimo, esperá un cachito. Porque acá viene la cuestión: ¿qué conciencia tuya va a sobrevivir? ¿La de cuando tenías 6 meses de vida, 32 años o 91, es decir, un segundo antes de morir? Porque si te toca ser un fantasma de 25, lúcido y apto para comprender las maravillas y secretos del Universo, vaya y pase, pero ¡mirá si te morís de viejo y quedás para todo el viaje como un ente babeante que divaga por el cosmos, eh! Ahí sí que no te va a gustar la eternidad, chango.
Acá no va a faltar, claro, el que proponga que lo que seguirá con "vida" luego del crepamento, llegado el caso, será la famosa
"esencia", esa "cosa en sí" que somos, que no tiene tiempo ni forma ni nada. A estas personas les recuerdo simplemente que acá estamos hablando en serio, así que ojito. Bue.
Y en fin, así concluimos, una vez más, en que por querer escapar de la respuesta fea y angustiante, nos topamos con otra incluso más fiera y atormentadora. ¿Será que no hay salida, nomás? ¿Será que la nada inconmensurable, con todo lo fulera que suena, es lo menor pior que nos puede ocurrir? ¿Y este no era un blog de humor, después de todo?