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| Gente envasada al vacío. Se estima que algunos sobrevivieron. |
Muchas veces, esto no reviste mayor gravedad. Yo mismo, que soy la corrección cívica en pinta, a veces lo paso por alto y me siento donde se me canta, pero solo si hay suficientes asientos vacíos como para pensar que mi conducta no generará molestias y conflictos con los demás pasajeros.
Otras muchas veces, en cambio, resulta que el ómnibus va hasta las verijas de gente, y entonces conviene atenerse a lo que nos ha tocado en suerte. De lo contrario se pueden presentar las siguientes situaciones:
a) Un pelotudo sube entre los primeros pasajeros y se acomoda contra una ventanilla. El micro se va llenando de gente que sube con grandes bolsos, carpetones, cochecitos de bebé y hasta un que otro animal de corral. Realizar el más mínimo movimiento se va tornando penoso. Junto al pelotudo, del lado del pasillo, se sienta un mamut que ya se acomoda para echarse un sueñito. Cuando ya estamos casi todos, apretados como perejil en maceta, sube una anciana que a duras penas se puede mover, y a la que casualmente corresponde el asiento que, sin mirar si le tocaba o no, ha ocupado Pelotudo. Éste, entonces, atrapado por un Mamut ya entredormido, no puede salir, mientras Anciana sigue parada en el pasillo e incluso se empieza a tambalear peligrosamente, porque el chofer, ajeno a todo esto, ya arrancó y el coche ha empezado a bambolear su estructura por los caminos de la Patria. Pelotudo intenta convencer a Anciana, que se agarra como puede de los respaldos de los asientos, de que vaya y ocupe la butaca que le corresponde a él, que lleva el número 43 y está ubicada allá en el fondo, apenas centímetros encima del carburador. La gente empieza a mirar mal a Pelotudo. Pelotudo desiste de esta patética intentona y le pega un codazo leve a Mamut. Mamut abre los ojos y comprende que debe levantarse, cosa que hace trabajosamente. A todo esto, Anciana no se cae por la simple razón de que están todos tan apretados que no hay dónde caer. Pelotudo sale de su madriguera rumbo al asiento 43, bajo la mirada reprobatoria del resto de los parroquianos, incluido algún que otro merecido abucheo. Qué necesidad había, vos decime.
En minutos (serán dos, tres mil minutos), el caso b), que de paso es absolutamente verídico y autobiográfico: "Echando a una familia entera de sus ambos asientos: cuando lo correcto roza lo moralmente repugnante".

Hay que estar atentos al comprar el pasaje de colectivo. Una vez arriba, ajo y agua
ResponderSuprimiren todo caso, si el asiento que te tocó en suerte es defectuoso y está cerca digamos del carburador o algo por el estilo, vale torturar al mozo o al chofer
pero al compañero de al lado, jamás
Ni que hablar del Pelotudo indignado porque le quitan el asiento que él ha usurpado y del justo reclamador más indignado todavía que transmite su bronca al infinito y más allá terminando con el clásico "que país de mierda"
ResponderSuprimirSumado a esto, ni que hablar de barandas diversas que se exhalan despiadadamente (y donde el único remedio es bajarse o arrojarse por la ventanilla:
ResponderSuprimira) Ajo (la más abominable, lejos)
b) chivo
c) vino
d) fiambres comenzando por salame de preparación in situ de sandwiches
Unfor, a su lista de olores debo agregar señoras aquejadas de abuso de perfumes importados.
ResponderSuprimirY los que no se bañaron y despiden olor a mugre o humedad o meo; Dormi.
ResponderSuprimirLa verdad parece que ud sr Geral, tiene fobia a los viajes en ómnibus, es mas cree que puede ser un posible infierno.(:P)
ResponderSuprimirLo peor que te puede tocar es el asiento defectuoso y ventanilla, la ultima vez que hice un viaje, en la ida(que no se porque parece mas lerda la ida), el asiento andaba mal el mecanismo de reclinatorio, osea no se trababa, una mi*rda de viaje.-
Más que fobia estoy repodrido, viajo todos los días a laburar, dos horas en total ida y vuelta. Las cosas que hay que hacer por quince lucas por mes, en fin.
ResponderSuprimirComo estudiante (y ahora residente) pergaminense en Capital también he tenido que sufrir mi cuota de viajes en colectivos. Puedo dar fe que por alguna razón, probablemente mi falta de paciencia, la cantidad de pelotudos por metro cuadrado arriba del bondi es superior a la media. Por alguna razón los pelotudos estamos condenados a viajar en mayor proporción que la gente piola. ¡Investiguen! (Modo Ernestina de Noble Off)
ResponderSuprimir¿el ómnibus tiene verijas?
ResponderSuprimirClaro, el ómnibus es macho: siempre medio destartalado, impuntual y sucio. No como la combi.
ResponderSuprimirMe ha gustado el sabor del blog y tus letras
ResponderSuprimirCon usted siempre se aprende algo Geraldinho.
ResponderSuprimirYo sabia, yo sabia.
ResponderSuprimirUno mas que me defrauda.
Todos se llenan la boca de promesas y despues no cumplen.
Ya han pasado los 3 mil minutos y no nos publicó el caso b.
Sunescandalo, te voy a denunciar en defensa del consumidor, en poder ciudadano, en cqc, con patricia bullshit, ya vas a ver.
Hay que meterle tres tiros en la nuca al tipo que inventó el asiento de colectivo mas angosto que los hombros. En los viejos negros, se viajaba bárbaro, ahora en estos "modernos" si vas en la ventanilla vas compactado contra el vidrio con manos en posición "recibo pelota de voley" y si estás en el pasillo te queda medio hombro afuera que será golpeado por cuanto pasajero pase. Y te lo dice un mequetefre de 1.75 y 72 kilos, un tipo de 1.80, un gordo o un rugbier no se como hacen para viajar.
ResponderSuprimirJajja muy bueno el post!! y con tu comentario respecto a la diferencia hombre mujer entre la combi y el colectivo la remataste!! cada dia una revelacion en este blog. Genio total. Abrazo.
ResponderSuprimirgenial! jajaa me encantooo
ResponderSuprimirhace poco por mi trabajo estuve visitando mejores hoteles en Londres y el trasnporte alli.. es otra cosa
por supuesto que el encanto del bondi argenino.. jaajjaja bueno..... es unico no?